Italia tiene el problema feliz de tener demasiadas ciudades extraordinarias. Roma y Venecia acaparan el imaginario turístico del mundo y reciben millones de visitantes al año que hacen colas en el Coliseo y en el Gran Canal mientras a pocas horas de tren existen ciudades igualmente impresionantes, prácticamente sin colas, con la mitad del precio y con la autenticidad que el turismo de masas inevitablemente erosiona en los grandes destinos.
Estas cinco ciudades son la Italia que los viajeros más experimentados del país conocen y que los que visitan el país por primera vez deberían descubrir antes de que el mundo las descubra también.
1. Bolonia, Emilia-Romaña
Bolonia es la capital gastronómica de Italia en el país que más en serio se toma la comida del mundo, y eso ya dice casi todo lo necesario sobre por qué merece un viaje específico. Sus tagliatelle al ragù alla bolognese, sus tortellini in brodo, su lasagna verde y su mortadella original, elaborada en esta ciudad desde el siglo XVI, son preparaciones que en cualquier otro lugar del mundo son imitaciones de lo que aquí son el original absoluto.
El Mercato di Mezzo en el centro histórico es uno de los mercados cubiertos más hermosos de Europa, con puestos de pasta fresca, quesos parmigiano reggiano con decenas de meses de curación y embutidos que no tienen equivalente fuera de Emilia-Romaña.
Más allá de la gastronomía, Bolonia tiene la universidad más antigua del mundo occidental, fundada en el año 1088, y una arquitectura de pórticos medievales que la convierte en la ciudad más caminable de Italia con diferencia: sus 38 kilómetros de pórticos cubren prácticamente toda la ciudad histórica, lo que permite caminar de un extremo al otro sin que la lluvia o el sol sean un factor. Las dos torres medievales inclinadas, la Asinelli y la Garisenda, que dominan el centro histórico, son uno de los panoramas urbanos más impresionantes de Italia.
2. Siena, Toscana
Siena es la ciudad medieval mejor conservada de Europa y el antídoto perfecto para el turismo de masas de Florencia, a solo una hora de tren. Su centro histórico, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, es un laberinto de calles medievales de piedra oscura, plazas íntimas y edificios del siglo XIII que no han sido modernizados ni disfrazados para el turismo.
La Piazza del Campo, la plaza en forma de concha inclinada que es el corazón de la ciudad, es considerada por muchos arquitectos e historiadores la plaza medieval más perfectamente diseñada del mundo: su pendiente natural crea un anfiteatro natural donde cada primavera y verano se celebra el Palio, la carrera de caballos más antigua y más apasionada de Europa, en la que los diez barrios históricos de la ciudad compiten con una intensidad que los sieneses viven como una cuestión de identidad existencial.
La catedral de Siena, con su fachada de mármol blanco y negro y su pavimento interior de mosaicos de piedra con escenas del Antiguo Testamento, es uno de los monumentos del arte medieval italiano más extraordinarios y menos masificados del país. A diferencia de los grandes museos de Florencia o Roma, aquí es posible pararse a mirar durante minutos sin que el flujo de turistas interrumpa la contemplación.
3. Verona, Véneto

Verona es la ciudad italiana que más sorprende a quienes llegan sin grandes expectativas. Su centro histórico romano, con la Arena del siglo I que es el tercer anfiteatro romano mejor conservado del mundo y que cada verano acoge un festival de ópera al aire libre que es una de las experiencias culturales más extraordinarias de Europa, su Piazza delle Erbe medieval con su mercado diario y sus palacios renacentistas, y sus calles de piedra con tiendas de artesanía y restaurantes de cocina véneta de primera calidad hacen de Verona una ciudad que retiene al viajero mucho más de lo que la agenda planificada preveía.
La casa de Julieta, con su famoso balcón, es la trampa turística más concurrida de la ciudad, pero Verona es mucho más que eso: es una ciudad habitada, viva y orgullosa de su historia que recibe al visitante con la misma naturalidad con que vive su cotidianidad.
El festival de ópera de Verona en la Arena, que funciona cada verano desde 1913 y que en el 2026 celebra más de un siglo de tradición ininterrumpida, es uno de los pocos espectáculos del mundo en los que la monumentalidad del escenario, la calidad de la interpretación y la emoción del contexto nocturno convergen en algo que ningún teatro cubierto puede replicar.
4. Positano, Costa Amalfitana
Positano es la imagen más icónica de la Costa Amalfitana y una de las vistas más reconocibles de Italia en el mundo: sus casas de colores pastel apiladas verticalmente sobre el acantilado que cae al mar Tirreno, sus callecitas de escaleras que descienden desde la carretera hasta la playa y sus bougainvilleas que caen sobre las terrazas de los restaurantes crean un escenario que parece diseñado por un director de cine pero que existe con toda su gloria real en cada rincón del pueblo.
Los hoteles con terraza sobre el mar, las tiendas de sandalias hechas a mano que es el artesanado más característico del pueblo, y los restaurantes con pasta de langosta y limoncello casero hacen de Positano el destino más cinematográfico de la costa sur de Italia.
La mejor manera de llegar en el 2026 es en ferry desde Amalfi o Salerno: evita el atasco de la carretera costera en temporada alta y permite ver el pueblo aparecer desde el mar de la manera más dramática posible, con las casas de colores emergiendo del acantilado en toda su verticalidad.
5. Cinque Terre, Liguria

Cinque Terre son cinco pueblos pesqueros colgados sobre los acantilados de la costa de Liguria que colectivamente forman uno de los paisajes costeros más fotografiados y más genuinamente hermosos de Europa. Monterosso, Vernazza, Corniglia, Manarola y Riomaggiore están conectados por senderos de senderismo que bordean los acantilados con vistas al mar de Liguria en todo momento, por una línea de tren regional que los une en minutos y por barcos que en verano hacen el recorrido entre todos los pueblos varias veces al día.
Cada pueblo tiene su carácter propio: Monterosso es el más turístico y el que tiene la playa más grande, Vernazza tiene el puerto más fotogénico con su castillo sobre el promontorio, y Manarola tiene los atardeceres más impresionantes del recorrido desde el mirador de Nessun Dorma.
La pesto genovese, que en Liguria es de una calidad y una frescura que el aceite de oliva local y la albahaca del huerto garantizan, es la gastronomía obligatoria del recorrido: las trofie al pesto y la farinata de garbanzos que se come en todos los bares del recorrido son dos de los platos más sencillos y más satisfactorios de toda la cocina italiana.
Yuniet Blanco Salas